
Desarrollar acciones contra del acoso escolar reduce significativamente el riesgo, por un lado, de ser víctima y, por otro, de ser un acosador. Por esta razón, todos los actores del ecosistema educativo debemos trabajar activamente en la promoción de estas prácticas, ya que está comprobado que un mayor bienestar psicológico de los alumnos y alumnas propicia mayores niveles de motivación y, por ende, mejores resultados académicos y sociales.








